Hay una época del año en la que Lisboa cambia, se olvida de todo aquello que representa a los ojos del turista, deja atrás sus lugares comunes, las imágenes de postal más recurridas. En Junio, Lisboa se viste de fiesta, deja atrás la saudade y da la bienvenida a todo aquel que quiera participar de la vida en la calle.

En Junio, durante las fiestas de San Antonio, es una buena época para visitar la ciudad de las siete colinas, de las callejuelas, de las escaleras y subidas y bajadas, de los miradores, de los tranvías, del fado y de ese eterno caminante del desasosiego que fue Pessoa. Durante 30 días la tradición y las ganas de fiesta otorgan un color y un ánimo diferente al ambiente. En esos días, lo mejor que puedes hacer es tirar la guía, o dejarla en la maleta si le tienes mucho aprecio y no quieres desprenderte de ella, y recorrer todos los espacios con los ojos bien abiertos, entonces, te quedaràs con una gran lista de experiencias diferentes.
San Antonio, con fama de gran casamentero, es el patrón de la ciudad. Las lisboetas recurren a él con familiaridad y esperanza en busca de matrimonio y para que sea más efectivo utilizan algunas técnicas populares de coacción como es girar una imagen del Santo, de modo que permanezca boca abajo, con su santa sangre a la cabeza, hasta conseguir la boda; no menos efectiva es la técnica de lanzar monedas a la figura del santo, como la que se encuentra en , cerca de la Alfama, mientras se piensa en la persona elegida. Es acertar justo en el libro que lleva la estatua y ¡premio!
Y es durante Junio cuando tienen lugar las bodas de San Antonio. Dieciséis novias en total que ven cumplido su sueño y desfilan entre lágrimas de emoción y vivas hacia la entrada de la Catedral de la Alfama.
“Meu Santo António, Meu Santo Antoninho, Que és casamenteiro, protege estas noivas e as do mundo inteiro”.
La noche del 12 de junio es una de las noches más largas de Lisboa. Es la noche en la que las Marchas Populares desfilan por la Avenida de Liberdade, aquella en la que Pessoa amaba tanto pasear junto a sus heterónimos.
Bajo la atenta mirada de la estatua del Marquésde Pombal, artífice de la reconstrucción del barrio de la Baixa después del terrible terremoto del 1775, tiene lugar la competición en la que participan los barrios de la ciudad, cada uno con su comparsa, su coreografía, su música y sus gritos de ánimo. Todo un año de trabajo. Una serpiente de color, brillantina y fantasía que contagia a la multitud de un aire carnavalesco y que se esparce por toda la ciudad imparable ya hasta altas horas de la madrugada.
Y como dando sentido a todo lo visto y vivido durante las fiestas de junio nos encontramos con los “arraiais”; verbenas de diferentes asociaciones vecinales que se reproducen por toda la ciudad, donde la música y el baile, las sardinas (Junio es el mes en que comienza la temporada de pesca de la sardina y la ciudad lo celebra improvisando barbacoas en plena calle. El humo azulado, el olor a sardina asada y el sabor a lo popular nos acompañarán durante la visita. La ropa dará fe de ello), el color de los farolillos de papel y de las luces colgadas y la fantasía de escenarios populares conviven alegremente con la gente, que se arremolina en un barullo de corros de amigos y familiares.
El humo azulado de las sardinas asadas
 
Altas horas de la madrugada venciendo las empinadas calles de la Alfama

 

Lisboa en Junio, en definitiva, es la vida vivida en la calle, es un olvidar clichés, un trajín de color y de gente, familias y amigos, conocidos y encontrados. Es “festa é alegría” que no se agota hasta altas horas de la madrugada que es cuando llegan los barrenderos y arrancan a los últimos festivos, reticentes a llegar a casa, a base de chorros de agua mal intencionados.

 

“Depois chegará, como sempre chega, a última noite…!”.

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